martes, 28 de julio de 2015
#1
Eran los primeros días después de que te conocí, tu actitud tan abierta y animada siempre me hacía sonreír. Me hacía querer verte otra vez. Como cuando Lupita me pidió que la acompañara a vender onigiris y te dije que fueras, porque tu presencia me Daba ánimos aun sin que me diera cuenta, y no lo cuestionaba, yo pensaba que esto era amistad, pero recuerdo esos días luminosos y alegres. Te pedí que probaras las galletas que yo había hecho, y tu opinión me importaba más que la de cualquier otra persona. Dijiste que te gustaron y eso me dio ánimos, no quise rendirme. Hubiera podido seguir ofreciendo mis galletas, y probablemente me habría desanimado, pero tú y tu manía de querer salvar el mundo, de reparar y de ayudar... empezaste a ofrecerlas tú. Y tienes esa forma de hablar con la gente, y esa forma de caer bien en los primeros minutos de conocerte, que las vendiste todas... todas! y no me importó, me gustó, te agradecí y mi ilusión por ti empezó a crecer más. Nunca me cuestioné nada, tu todo el tiempo lo haces. Nunca me pregunté si eras buen partido, o si me convenías, solo me dejé llevar, por ese sentimiento que nacía por ti.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)