La siguiente semana salimos mucho, vagábamos, fuimos a la central y me contabas de los lugares a los que habías viajado, de tu familia, de tus amigos, de la escuela, yo no tenía tanto para contar como tú, pero era genial escucharte, siempre me gustó tu forma de contar las cosas. Me contabas de las fiestas a las que ibas con tus amigos y yo te imaginé como uno de esos chicos populares de las películas y series gringas, yo jamás había ido a una fiesta así.
Fuimos también a las escaleritas paralelas a "las escalinatas" y me regalaste una rosa tejida de listón, fue el primer regalo material que me diste. Dijiste que una señora las vendía y que te gustó la rosa y que pensaste en mi, y me sentí tan especial y sentí tan bonito, que deseé tener algo que regalarte también.
Luego nos pusimos de pie y vimos todas las casitas y edificios desde arriba, me dijiste "te quiero" y no me pareció descabellado. Dijiste que no sabías cómo había hecho yo, pero que no eras de los que decían esas cosas de buenas a primeras y yo te creí. Y te dije también que te quería y que tampoco lo decía a menudo. Y sentí en mi corazón brotar algo de esa semillita que sembraste tú desde que me sonreíste el día que te conocí. Y sin pensarlo te abracé y pareciste sorprendido y escuché tu corazón acelerado. Te lo dije, y contestaste que era por mi. Que yo hacía que tu corazón se acelerara, y eso me emocionó y mi corazón también se aceleró.
jueves, 5 de noviembre de 2015
miércoles, 4 de noviembre de 2015
#4
El siguiente domingo también salimos, sólo necesitábamos un pretexto, me preguntaste si salíamos de nuevo y yo te dije que me acompañaras a comprar unos audífonos. No sabía que desde entonces casi todos los fines de semana de los próximos dos años serían para ti.
Fue la primera vez que nos vimos en ese lugar que se convertiría en uno de nuestros lugares, en "donde siempre". No lo recuerdo, pero lo más seguro es que tú hayas llegado primero, a la entrada del cine en Soriana Mercado. Subimos caminando hacia el otro Soriana, porque era domingo y en el centro todo estaba cerrado. Entramos a Radioshack y me enfrenté a mi timidez, porque quería que me vieras fuerte... o normal, alguien que puede preguntar el precio de unos audífonos en una tienda sin morderse el rebozo. Los compré, unos morados, porque es mi color favorito.
Salimos de ahí y vimos pasar a tu familia: tus papás y tu hermano a quien ya había visto alguna vez en la universidad a la que yo solía ir.
Luego preguntaste "¿y, ahora qué?" y momentos después me habló Lupita por teléfono para invitarme a su casa, no le dije que estaba contigo, pero supuse que no habría problema si llegaba contigo (me pregunto si la historia hubiera cambiado un poco si no hubiéramos ido con ella ese día). De camino a su casa pasamos por el puente peatonal que casi nadie usa por considerarlo una pérdida de tiempo.
Nos detuvimos a ver "el paisaje urbano" desde lo alto del puente y estábamos tan cerca... yo podría haber tocado tu rostro con sólo levantar la mano, o haberte besado con sólo estirar un poco el cuello, pensé en esa posibilidad, pero recordé que acababa de salir de algo y no quería confundir las cosas. Volteé la cara cuando tú te estabas acercando un poco más, fue rápido y por un momento pensé que quizás lo imaginé.
En casa de Lupita, ella estaba en pijama, pero no se molestó de que fuera contigo. Nos vió y pensó que había algo entre nosotros, igual que tus compañeros una semana antes en el cumpleaños de Dany. Recuerdo que dije "tengo hambre" y la mamá de Lupita me invitó a comer, pescado... me dio pena, porque era la única que iba a comer y odio que me vean comer, pero cuando su mamá me dijo "come, con confianza" y vi que ella, Lupita y tu me veían me sentí acorralada, pero le di una mordida... una mordida a un pescado, como si no supiera que el pescado tiene espinas. Me sentí tonta y ridícula, pero me aguanté y reprimí el nudo en la garganta.
El día terminó bien. Obviamente me fuiste a dejar a mi combi, porque eres muy protector. Y eso me agradaba.
Fue la primera vez que nos vimos en ese lugar que se convertiría en uno de nuestros lugares, en "donde siempre". No lo recuerdo, pero lo más seguro es que tú hayas llegado primero, a la entrada del cine en Soriana Mercado. Subimos caminando hacia el otro Soriana, porque era domingo y en el centro todo estaba cerrado. Entramos a Radioshack y me enfrenté a mi timidez, porque quería que me vieras fuerte... o normal, alguien que puede preguntar el precio de unos audífonos en una tienda sin morderse el rebozo. Los compré, unos morados, porque es mi color favorito.
Salimos de ahí y vimos pasar a tu familia: tus papás y tu hermano a quien ya había visto alguna vez en la universidad a la que yo solía ir.
Luego preguntaste "¿y, ahora qué?" y momentos después me habló Lupita por teléfono para invitarme a su casa, no le dije que estaba contigo, pero supuse que no habría problema si llegaba contigo (me pregunto si la historia hubiera cambiado un poco si no hubiéramos ido con ella ese día). De camino a su casa pasamos por el puente peatonal que casi nadie usa por considerarlo una pérdida de tiempo.
Nos detuvimos a ver "el paisaje urbano" desde lo alto del puente y estábamos tan cerca... yo podría haber tocado tu rostro con sólo levantar la mano, o haberte besado con sólo estirar un poco el cuello, pensé en esa posibilidad, pero recordé que acababa de salir de algo y no quería confundir las cosas. Volteé la cara cuando tú te estabas acercando un poco más, fue rápido y por un momento pensé que quizás lo imaginé.
En casa de Lupita, ella estaba en pijama, pero no se molestó de que fuera contigo. Nos vió y pensó que había algo entre nosotros, igual que tus compañeros una semana antes en el cumpleaños de Dany. Recuerdo que dije "tengo hambre" y la mamá de Lupita me invitó a comer, pescado... me dio pena, porque era la única que iba a comer y odio que me vean comer, pero cuando su mamá me dijo "come, con confianza" y vi que ella, Lupita y tu me veían me sentí acorralada, pero le di una mordida... una mordida a un pescado, como si no supiera que el pescado tiene espinas. Me sentí tonta y ridícula, pero me aguanté y reprimí el nudo en la garganta.
El día terminó bien. Obviamente me fuiste a dejar a mi combi, porque eres muy protector. Y eso me agradaba.
#3
Platicábamos mucho por face (recuerdo que la primera vez hablamos sobre el radio), siempre alegres, siempre de buen humor. Yo procuraba ser positiva porque quería combinar contigo (además siempre he sido así). Me invitaste a salir, a una fiesta de cumpleaños, como para disimular que era una cita. Yo llegué tarde, pero no te importó mucho, estabas con un amigo y me recibiste con una sonrisa, porque así eres tú, amable con todos. Y no te importó que llegara tarde porque creíste que no llegaría. Pero siempre he pensado que debe ser horrible quedarse plantado, y que si no vas a llegar a algún lado, lo mejor es avisar con tiempo, aunque la verdad jamás me pasó por la mente no llegar a la cita. Me dijiste que no estabas seguro donde vivía tu amiga, así que caminamos y llegamos a la casa donde tu pensabas que era. Decidimos que era mejor enviarle un mensaje, de hecho se lo envié yo porque no tenías crédito y me agradeciste mucho por eso y te dio un poco de pena, pero yo no le di tanta importancia. Ella nos contestó y resulta que estábamos a una cuadra de su casa, estaban varios de tus compañeros de la prepa, hablaron de ese profesor o prefecto (no recuerdo) que era buena onda, y que lamentablemente acababa de fallecer. Y luego hablaron de más cosas acerca de la escuela, por lo que en realidad yo no tenía nada que decir. Recuerdo que hablaron de religión y tu expresaste tu opinión, yo estuve de acuerdo contigo y eso me hizo sonreir. Yo te miraba y me parecías tan genial, y no me daba pena hablar contigo. Tenías algo que me hacía sentir confianza hacia ti , y atracción y simpatía y también fortaleza, solo con mirarte, ni siquiera tenías que decir nada, solo sonreír ¿sabes? Así que cuando salimos al patio y me invitaron a subirme al trampolin con Dany y sus amigas, voltee a verte y estabas ahí, tan fresco y tan bohemio y tan tu... con esa guitarra que no se de donde sacaste y pensé ¿porqué no? y subí y fue divertido. Cayó la noche, uno a uno los amigos se empezaron a ir, nosotros fuimos de los últimos. Bajamos caminando al centro, me rodeaste con tu brazo y preguntaste si me molestaba, dije que no, y te correspondí. Ahí fue cuando empezamos a hablar, fue cuando viste las marcas en mis brazos y yo me conté sin pena lo mal que me sentía a veces, quizás me presenté en ese momento como la chica extremadamente vulnerable que me creía, y ahí fue donde empezó: tus ganas de curarme, de ayudar, de salvar el mundo, de salvarme a mi, me pregunto si habrías tenido ganas de seguir a mi lado si yo no hubiera sonado tan emo, pero sé que prefiero haber seguido contigo y conocer esa parte de ti que nadie mas había visto y poderte dar mi cariño como no lo había hecho con nadie. Esa noche, casi llegando a la parada de mis combis dijiste medio en broma, medio en serio (después de decir que no querías despedirte) que un día de estos me ibas a robar una noche entera. Me reí, porque no pensé que hubiera ni un poco de verdad en eso y pensé también que probablemente yo no querría si me lo propusieras. Ja
Suscribirse a:
Entradas (Atom)