La siguiente semana salimos mucho, vagábamos, fuimos a la central y me contabas de los lugares a los que habías viajado, de tu familia, de tus amigos, de la escuela, yo no tenía tanto para contar como tú, pero era genial escucharte, siempre me gustó tu forma de contar las cosas. Me contabas de las fiestas a las que ibas con tus amigos y yo te imaginé como uno de esos chicos populares de las películas y series gringas, yo jamás había ido a una fiesta así.
Fuimos también a las escaleritas paralelas a "las escalinatas" y me regalaste una rosa tejida de listón, fue el primer regalo material que me diste. Dijiste que una señora las vendía y que te gustó la rosa y que pensaste en mi, y me sentí tan especial y sentí tan bonito, que deseé tener algo que regalarte también.
Luego nos pusimos de pie y vimos todas las casitas y edificios desde arriba, me dijiste "te quiero" y no me pareció descabellado. Dijiste que no sabías cómo había hecho yo, pero que no eras de los que decían esas cosas de buenas a primeras y yo te creí. Y te dije también que te quería y que tampoco lo decía a menudo. Y sentí en mi corazón brotar algo de esa semillita que sembraste tú desde que me sonreíste el día que te conocí. Y sin pensarlo te abracé y pareciste sorprendido y escuché tu corazón acelerado. Te lo dije, y contestaste que era por mi. Que yo hacía que tu corazón se acelerara, y eso me emocionó y mi corazón también se aceleró.
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