miércoles, 4 de noviembre de 2015
#3
Platicábamos mucho por face (recuerdo que la primera vez hablamos sobre el radio), siempre alegres, siempre de buen humor. Yo procuraba ser positiva porque quería combinar contigo (además siempre he sido así). Me invitaste a salir, a una fiesta de cumpleaños, como para disimular que era una cita. Yo llegué tarde, pero no te importó mucho, estabas con un amigo y me recibiste con una sonrisa, porque así eres tú, amable con todos. Y no te importó que llegara tarde porque creíste que no llegaría. Pero siempre he pensado que debe ser horrible quedarse plantado, y que si no vas a llegar a algún lado, lo mejor es avisar con tiempo, aunque la verdad jamás me pasó por la mente no llegar a la cita. Me dijiste que no estabas seguro donde vivía tu amiga, así que caminamos y llegamos a la casa donde tu pensabas que era. Decidimos que era mejor enviarle un mensaje, de hecho se lo envié yo porque no tenías crédito y me agradeciste mucho por eso y te dio un poco de pena, pero yo no le di tanta importancia. Ella nos contestó y resulta que estábamos a una cuadra de su casa, estaban varios de tus compañeros de la prepa, hablaron de ese profesor o prefecto (no recuerdo) que era buena onda, y que lamentablemente acababa de fallecer. Y luego hablaron de más cosas acerca de la escuela, por lo que en realidad yo no tenía nada que decir. Recuerdo que hablaron de religión y tu expresaste tu opinión, yo estuve de acuerdo contigo y eso me hizo sonreir. Yo te miraba y me parecías tan genial, y no me daba pena hablar contigo. Tenías algo que me hacía sentir confianza hacia ti , y atracción y simpatía y también fortaleza, solo con mirarte, ni siquiera tenías que decir nada, solo sonreír ¿sabes? Así que cuando salimos al patio y me invitaron a subirme al trampolin con Dany y sus amigas, voltee a verte y estabas ahí, tan fresco y tan bohemio y tan tu... con esa guitarra que no se de donde sacaste y pensé ¿porqué no? y subí y fue divertido. Cayó la noche, uno a uno los amigos se empezaron a ir, nosotros fuimos de los últimos. Bajamos caminando al centro, me rodeaste con tu brazo y preguntaste si me molestaba, dije que no, y te correspondí. Ahí fue cuando empezamos a hablar, fue cuando viste las marcas en mis brazos y yo me conté sin pena lo mal que me sentía a veces, quizás me presenté en ese momento como la chica extremadamente vulnerable que me creía, y ahí fue donde empezó: tus ganas de curarme, de ayudar, de salvar el mundo, de salvarme a mi, me pregunto si habrías tenido ganas de seguir a mi lado si yo no hubiera sonado tan emo, pero sé que prefiero haber seguido contigo y conocer esa parte de ti que nadie mas había visto y poderte dar mi cariño como no lo había hecho con nadie. Esa noche, casi llegando a la parada de mis combis dijiste medio en broma, medio en serio (después de decir que no querías despedirte) que un día de estos me ibas a robar una noche entera. Me reí, porque no pensé que hubiera ni un poco de verdad en eso y pensé también que probablemente yo no querría si me lo propusieras. Ja
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