miércoles, 4 de noviembre de 2015

#4

El siguiente domingo también salimos, sólo necesitábamos un pretexto, me preguntaste si salíamos de nuevo y yo te dije que me acompañaras a comprar unos audífonos. No sabía que desde entonces casi todos los fines de semana de los próximos dos años serían para ti. 
Fue la primera vez que nos vimos en ese lugar que se convertiría en uno de nuestros lugares, en "donde siempre". No lo recuerdo, pero lo más seguro es que tú hayas llegado primero, a la entrada del cine en Soriana Mercado. Subimos caminando hacia el otro Soriana, porque era domingo y en el centro todo estaba cerrado. Entramos a Radioshack y me enfrenté a mi timidez, porque quería que me vieras fuerte... o normal, alguien que puede preguntar el precio de unos audífonos en una tienda sin morderse el rebozo. Los compré, unos morados, porque es mi color favorito. 
Salimos de ahí y vimos pasar a tu familia: tus papás y tu hermano a quien ya había visto alguna vez en la universidad a la que yo solía ir. 
Luego preguntaste "¿y, ahora qué?" y momentos después me habló Lupita por teléfono para invitarme a su casa, no le dije que estaba contigo, pero supuse que no habría problema si llegaba contigo (me pregunto si la historia hubiera cambiado un poco si no hubiéramos ido con ella ese día). De camino a su casa pasamos por el puente peatonal que casi nadie usa por considerarlo una pérdida de tiempo.
 Nos detuvimos a ver "el paisaje urbano" desde lo alto del puente y estábamos tan cerca... yo podría haber tocado tu rostro con sólo levantar la mano, o haberte besado con sólo estirar un poco el cuello, pensé en esa posibilidad, pero recordé que acababa de salir de algo y no quería confundir las cosas.  Volteé la cara cuando tú te estabas acercando un poco más, fue rápido y por un momento pensé que quizás lo imaginé. 
En casa de Lupita, ella estaba en pijama, pero no se molestó de que fuera contigo. Nos vió y pensó que había algo entre nosotros, igual que tus compañeros una semana antes en el cumpleaños de Dany. Recuerdo que dije "tengo hambre" y la mamá de Lupita me invitó a comer, pescado... me dio pena, porque era la única que iba a comer y odio que me vean comer, pero cuando su mamá me dijo "come, con confianza" y vi que ella, Lupita y tu me veían me sentí acorralada, pero le di una mordida... una mordida a un pescado, como si no supiera que el pescado tiene espinas. Me sentí tonta y ridícula, pero me aguanté y reprimí el nudo en la garganta. 
El día terminó bien. Obviamente me fuiste a dejar a mi combi, porque eres muy protector. Y eso me agradaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario